495 años de la Confesión de Augsburgo


495 años de la Confesión de Augsburgo 

Confesar la fe ayer y hoy

Este 25 de junio de 2025, la cristiandad conmemora el 495° aniversario de la presentación de la Confesión de Augsburgo, uno de los documentos más significativos de la Reforma y una piedra angular de la identidad luterana. Presentada un día como hoy del año 1530 ante la Dieta Imperial, la Confesión no solo marcó un hito en la historia del cristianismo occidental, sino que también estableció el fundamento de la fe luterana.


Confesar la fe: Un acto público y comunitario

Confesar la fe no es, ni ha sido nunca, un acto individualista, sino una respuesta colectiva a la Palabra de Dios que llama, congrega e ilumina la cristiandad por medio del Santo Espíritu de Dios. 

La Confesión de Augsburgo surge precisamente en medio de una crisis de definición: ¿qué significa ser iglesia? ¿Cómo se expresa la fidelidad a Cristo en un mundo marcado por tensiones religiosas, políticas y culturales? ¿Ha cambiado el mundo o sigue igual? ¿En qué sentidos sigue siendo igual? ¿en qué sentido ha cambiado la sociedad el mundo? 

Para comprender la magnitud de la Confesión de Augsburgo, es necesario adentrarse en el convulsionado escenario del siglo XVI. Europa era un mosaico de principados, ciudades libres, tensiones económicas y luchas de poder. La Reforma había desatado un movimiento de renovación religiosa y social que rápidamente se extendió por Alemania y Europa del norte. Sin embargo, el surgimiento de diversas corrientes reformadoras generó divisiones internas y un clima de incertidumbre respecto al futuro del cristianismo europeo.

El emperador Carlos V, preocupado por la unidad de sus dominios y la amenaza otomana en el este, convocó una asamblea general, la Dieta Imperial de Augsburgo, en 1530. Su objetivo era lograr una reconciliación entre las partes y consolidar la paz religiosa. En este contexto, los príncipes y ciudades del Sacro Imperio que adherían a la Reforma luterana encargaron a Felipe Melanchthon —compañero y colaborador de Lutero— la redacción de una declaración clara y sistemática de sus creencias.

El Dr. Dr. Robert Kolb (ARAND y KOLB, 2008) nos explica que cuando Melanchthon eligió la palabra “Confesión” para el documento que estaba escribiendo, no había realmente modelos medievales para confesar la fe, nadie había propuesto definir la iglesia como Melanchthon estaba definiéndola, en y mediante una confesión de la fe. 

Era un nuevo uso de la palabra “confesión” aunque Lutero y San Agustín e incluso San Pablo habían hablado de confesar la fe. En aquellos años, la “confesión” se trataba simplemente en las acciones o prácticas que realizaban. Se creía que confesar era más bien una cuestión de práctica que de contenido doctrinal. 

Entonces, cuando Melanchthon decidió que este documento se llamaría “Confesión”, y el documento fue escrito y luego impreso, esta confesión de fe pudo hacer más de lo que las Confesiones de San Agustín habían hecho, incluso más que la confesión de Lutero. Pudo llevar a una amplia parte de la iglesia las palabras de esta definición de lo que significa ser un miembro de la iglesia universal o católica. Y, por lo tanto, lo que tenemos en la Confesión de Augsburgo no es solo una nueva definición del centro del evangelio cristiano ––un aspecto ciertamente singular en la Edad Media–– sino que también una nueva forma de definir la Iglesia, confesando la fe. 

 

Trasfondo de la Confesión de Augsburgo

En 1521, Carlos V, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, en la Dieta imperial de Worms prohibió las enseñanzas de Martín Lutero, y ordenó la supresión de todos los intentos de reformar la iglesia en sus tierras de acuerdo con el programa de reforma de Lutero. A lo largo de la década de 1520, los príncipes y las ciudades decididos a introducir la Reforma lucharon por tener una posición política frente a las fuerzas imperiales y Católicas Romanas en las asambleas (dietas) del Imperio, en Nuremberg (1522, 1523) y Espira (1526, 1529). 

Como resultado del ambiguo edicto de la Dieta de Espira de 1526, donde los príncipes alemanes prometieron llevar a cabo el Edicto de Worms según sus propias conciencias, el elector Juan de Sajonia emprendió una visita formal a las parroquias de su territorio sin el permiso del obispo católicorromano local. En conexión a esto, Felipe Melanchthon, ayudado por Martín Lutero y Juan Bugenhagen (pastor principal de Wittenberg), publicó en 1528 directrices doctrinales para los pastores de Sajonia, tituladas Instrucción a los Visitadores. En la dieta celebrada en Espira en 1529, el emperador Carlos corrigió la ambigüedad del edicto anterior (1526), redactado para frenar la difusión de la Reforma Luterana. Esto provocó una apelación formal o “protestatio” (testimonio o confesión) por de los príncipes partidarios de Lutero. Esta acción acuñó el término “protestante”.

Carlos V quería conseguir apoyo de estos príncipes luteranos para su guerra contra las fuerzas imperiales turcas, que habían sitiado Viena en 1529. Por otra parte, también estaba en conflicto con Francia y quería consolidar su propio poder dentro de Alemania a expensas de los príncipes territoriales relativamente independientes. El emperador también estaba preocupado por la vida de la iglesia e interesado en promover una reforma moral e institucional. Pero, al mismo tiempo, despreciaba la reforma doctrinal que Lutero había puesto en marcha. Por lo tanto, después de negociaciones con el Papa Clemente VII en Bolonia en enero de 1530, llamó a los príncipes y ciudades luteranas a explicar su programa religioso antes de una dieta imperial, que convocó para finales de la primavera en la ciudad de Augsburgo (KOLB y WENGERT, p. 27).

Por eso, con fecha 21 de enero de 1530, el Emperador Carlos V convocó una dieta imperial para reunirse el siguiente mes de abril en Augsburgo, Alemania. Necesitaba un frente unido en sus campañas militares contra los turcos, y esto parecía exigir que se terminara la discordia religiosa que había ocurrido como resultado de la Reforma. En consecuencia, invitó a los príncipes y representantes de las ciudades libres en el imperio para discutir las diferencias religiosas en la próxima dieta en la esperanza de resolverlas y restablecer la unidad. En respuesta a esta invitación, el elector de Sajonia pidió a los teólogos de Wittenberg que prepararan un documento que expusiera sus creencias y prácticas en las iglesias de su tierra. Ya que una exposición de sus doctrinas por el nombre de los Artículos de Schwabach había sido preparada en el verano de 1529, todo lo que parecía ser necesario ahora era una declaración adicional respecto a los cambios en la práctica que se habían hecho en las iglesias en Sajonia. Tal declaración fue preparada por lo tanto por los teólogos de Wittenberg, y ya que había sido aprobada en una asamblea en Torgau a fines de marzo de 1530, por lo regular se hace referencia a ella como los Artículos de Torgau.

Como el Emperador lo había declarado proscrito en 1521, Lutero no se atrevió a viajar a Augsburgo, donde seguramente habría sido arrestado y tal vez ejecutado por las fuerzas de Carlos V. En cambio, Melanchthon encabezó a los teólogos sajones que se adhirieron a la dieta. Pero estando en Augsburgo, tuvo noticias de una nueva publicación, editada por Juan Eck, profesor en Ingolstadt, uno de los teólogos católicorromanos más brillantes de Alemania, y en ese momento enemigo jurado de los teólogos de Wittenberg. Esa obra, llamada Cuatrocientas Cuatro Proposiciones, presentó citas de Lutero, Melanchthon y sus colegas mezcladas con una amplia gama de declaraciones de otros que criticaban a la iglesia, incluidos los antitrinitarios y anabautistas, así como de Ulrico Zuinglio y otros que compartían su rechazo a la presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo en la Cena del Señor. Al agruparlos con los teólogos de Wittenberg, Eck dio maliciosamente la impresión de que la teología luterana defendía la mayoría de las herejías conocidas por la iglesia hasta entonces. Por tal motivo, Melanchthon se dio cuenta de que los luteranos tendrían que hacer más que abordar solamente las cuestiones de la Reforma. También tendrían que demostrar su propia ortodoxia y catolicidad. Por lo tanto, construyó una “confesión de fe”, cambiando su nombre de “apología” (defensa) de veintiún artículos sobre temas doctrinales y siete artículos sobre propuestas de reforma. Al hacerlo, trató de demostrar que la teología enseñada en Wittenberg permanecía fiel a la antigua tradición católica, tanto al declarar la verdad bíblica como al condenar las doctrinas falsas que también rechazaban los oponentes católico romanos (KOLB y WENGERT, p. 27-28).

Para completar la formulación de los artículos doctrinales de la confesión, Melanchton se apropió de material de los Artículos de Marburgo, compuestos como resultado del Coloquio de Marburgo que tuvo lugar entre Lutero y Ulrico Zuinglio, de Zúrich, en octubre de 1529. También se valió del propio resumen de Lutero sobre su Confesión sobre Santa Cena de Cristo (1528); y la Instrucción a los Visitadores. A los artículos doctrinales compuestos sobre la base de estos documentos, añadió una versión revisada de los borradores sajones anteriores sobre los abusos que necesitaban reformas.

Además, en Augsburgo, el propio Zuinglio envió al emperador su propia Ratio fidei (Base de fe); y cuatro ciudades, Estrasburgo, Memmingen, Lindau y Constanza, bajo el liderazgo de Martín Bucero, presentaron la Confessio Tetrapolitana (KOLB y WENGERT, p. 28).

Todos estos factores desempeñaron un papel importante en la determinación del carácter del documento que preparó Felipe Melanchton. Los Artículos de Schwabah llegaron a ser el fundamento principal de la primera parte (artículos I-XXI) y los Artículos de Torgau llegaron a ser el fundamento de la segunda parte de la Confesión de Augsburgo (artículos XXII-XXVIII). Lutero, quien no estuvo presente en Augsburgo, fue consultado por medio de correspondencia, pero se hicieron revisiones y enmiendas aun en vísperas de la presentación oficial al Emperador el 25 de junio de 1530.

Firmada por siete príncipes luteranos y por los representantes de las ciudades libres, la Confesión de Augsburgo inmediatamente logró singular importancia como una declaración pública de fe. El Canciller Christian Beyer, del gobierno del elector Juan, leyó el texto alemán ante la dieta imperial, y su voz llevó sus palabras incluso hasta la calle. Conforme a las instrucciones del Emperador, los textos de la Confesión fueron preparados tanto en alemán como en latín. Desafortunadamente ni el texto en alemán ni el texto en latín existen en la forma en que fueron presentados. Sin embargo, se han hallado más de cincuenta copias que datan del año 1530, inclusive borradores que representan diferentes fases de la preparación antes del 25 de junio, al igual que copias con una variedad de nuevos cambios en fraseología hechos después del 25 de junio. Estas versiones han pasado por mucho estudio crítico de parte de muchos doctos, y se ha reconstruido un texto en alemán y en latín que es muy semejante a los documentos presentados al Emperador y hasta se identifican con ellos. Por esta razón en algunas traducciones se presentan los dos textos. 

Debido a su amplia aceptación entre las iglesias evangélicas, Melanchton sintió la obligación de seguir mejorando el texto de la Confesión de Augsburgo, y en la segunda edición aparecieron variaciones del texto alemán (1533), y el texto latino fue modificado en ciertos puntos en la tercera (1540) y cuarta ediciones (1542). Estos cambios se volvieron motivo de controversias en la década de 1560, cuando el décimo artículo de esta “Confessio Augustana Variata” fue utilizado por el príncipe elector Federico III del Palatinado para justificar la doctrina espiritualista (calvinista) de la Santa Cena, que sus teólogos estaban propagando encubiertamente bajo la influencia de Ginebra (la iglesia reformada). Así, quienes se oponían a esta postura antibíblica de la Santa Cena, insistieron en permanecer fieles a la “Confessio Augustana Invariata”, es decir, el texto original de la editio princeps de 1531(KOLB y WENGERT, p. 29).


Relevancia de la Confesión de Augsburgo hoy

Han pasado 495 años desde aquel día en Augsburgo, pero la pregunta sigue viva: ¿qué significa, en pleno siglo XXI, confesar la fe? ¿Qué puede aportar la Confesión de Augsburgo a las personas cristianas y a la Iglesia en tiempos de globalización, pluralismo y desafíos éticos inéditos?

En primer lugar, la Confesión nos recuerda que la fe cristiana se expresa en comunidad y en diálogo con un firme sustento en las escrituras. No es producción basada en razonamientos humanos, o puntos comunes respecto a nuestras creencias, sino una fiel exposición de lo que dicen las sagradas escrituras. La confesión no es un muro, sino un testimonio público la fe que brota de una compresión de las sagradas escrituras conforme a la analogía de la fe. 

En segundo lugar, el compromiso con la verdad sigue siendo esencial. La Confesión de Augsburgo no evitó los temas difíciles ni los debates doctrinales. En tiempos donde la superficialidad amenaza la profundidad de la fe, este testimonio histórico desafía a los cristianos a cultivar la reflexión seria, el estudio bíblico y la formación teológica como caminos para una fe con firme cimiento sobre la roca que es Cristo. 

Tercero, la centralidad de la gracia y la justificación por la fe, expresadas en la Confesión, siguen siendo fuente de consuelo y libertad. En una época marcada por el rendimiento, la competencia y la ansiedad, la noticia de que la salvación es don gratuito de Dios ofrece un mensaje contracultural y liberador.

La conmemoración de los 495 años de la Confesión de Augsburgo no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino una llamado de atención al compromiso de la “suscripción quia” a las confesiones, ya que adherimos a ellas sin dudar de su fiel interpretación de las escrituras. 

Confesar la fe, ayer como hoy, es reconocer la acción de Dios en la historia y atreverse a dar testimonio público de Cristo, autor y sustentador de la fe. Que este aniversario nos impulse a mirar hacia adelante, a confesar, con palabras y con la vida, el evangelio de Jesucristo para nuestro tiempo.

Rev. Adrián Correnti y Rev. Silvio Donat

Editores de la Revista Digital de Teolgoía

24 de Junio de 2025

 

Bibliografía

ARAND, Charles; Kolb, Robert, "11. Introduction to the Augsburg Confession and the Apology" (2008). Lutheran Confessions. 11. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=jVoF52H1iK0&list=PLvvpd0LoSmbbX2a69Vyl4bnJtOOP53mvo&index=1 

KOLB, Robert; WENGERT, Timothy J (Ed.) The Book of Concord: The Confessions of the Evangelical Lutheran Church; (trad.) Charles Arand; Minneapolis: Augsburg Fortress. (2000).

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Revista Digital N 16